jueves, 29 de diciembre de 2011

TRANSGÉNICOS EN PANAMÁ

A finales de este año vuelve a la opinión pública nacional,informaciones sobre las supuestas bondades de la cria de peces y producción de maíz trasgenicos en el país, y como bien sabemos, de manera callada el experimento y venta de estos productos se viene dando desde hace más de una decada pero sin dar mayores informaciones a la población.

Según el periódico La Prensa, los senadores Mark Begich (demócrata de Alaska) y Olympia Snowe (republicana de Maine) utilizaron una audiencia ante el Senado estadounidense la semana pasada para ventilar sus inquietudes sobre la propuesta de criar en Panamá un salmón transgénico que sería vendido para consumo humano en varios países. Dijeron que “La Agencia de Alimentos y Drogas [FDA, por sus siglas en inglés] está usando un proceso obsoleto e inadecuado”. Begich subrayó que cuando se trata de un riesgo ecológico irreversible es mejor prevenir que lamentar. También planteó la posibilidad de que Panamá no regule debidamente la cría de estos peces.

Sobre el tema en Panamá poco se ha dicho y hay un silencio cómplice con empresas que utilizan de laboratorio nuestro país. La compañia que traería los huevos desde Canadá es Aqua Bounty Technologies, que desde 2009 en Boquete, provincia Chiriquí, está investigando sobre la cría y producción de salmones transgénicos.

Por otro lado el gobierno ha anunciado con bombos y platillos la introducción de maíz biológicamente modificado, transgénico. El Ministro de Desarrollo Agropecuario hizo el anuncio cuando aseveró que incentivarán al productor para aumentar la siembra del grano y tener cosechas dos veces al año, porque supuestamente Panamá no es autosuficiente. Manifestó que el gen del maíz es modificado para hacerlo más resistente a las plagas, a la inclemencia del tiempo y a los herbicidas. Está anunciada la también supuesta primera cosecha para el 3 de enero de 2012, paso inicial para su liberación agrícola con miras a elevar la producción del grano en el país.

Ante las declaraciones del gobierno y asecho de empresas promotoras de transgénicos, queremos compartir una investigación que realizamos sobre el tema en 2010, actualizado a esta fecha.

¿Que son los transgénicos? Un poco de historia
Un transgénico (Organismo Modificado Genéticamente, OMG) es un organismo vivo que ha sido creado artificialmente manipulando sus genes. Las técnicas de ingeniería genética consisten en aislar segmentos del ADN (el material genético) de un ser vivo (virus, bacteria, vegetal, animal e incluso humano) para introducirlos en el material hereditario de otro.

Con este proceso por primera vez se hace posible la transferencia genética horizontal (intercambio del material genético de animales a plantas y viceversa), poniendo fin a las barreras infranqueables que hasta ese momento habían sido minuciosamente cultivadas por los mecanismos naturales de la evolución. Dos décadas después de los primeros experimentos exitosos de ingeniería genética y guiados por una concepción netamente mercantilista de la ciencia y la tecnología, se produce en China en el año de 1992 la primera siembra comercial de una planta transgénica (tabaco) en el mundo.

La producción, liberación y consumo de organismos o alimentos transgénicos implica, una seria y real amenaza para todos los ámbitos de la vida en la Tierra, apuntando, de ese modo, hacia el desencadenamiento de consecuencias insospechables. Los riesgos y peligros incalculables que entraña la tecnología transgenética para todos los seres vivos y sus actividades, se derivan del uso de técnicas cuyas bases fundamentales están siendo crecientemente socavadas.

El mayor peligro para todo ser viviente en el planeta proviene del control casi absoluto que un puñado de empresas transnacionales vienen ejerciendo sobre la investigación, producción y comercialización de organismos transgénicos y sus aplicaciones en campos tan diversos como la medicina, la alimentación, las semillas, la industria, la tecnología y los plaguicidas. Estas gigantescas corporaciones, con un poder económico que en muchos casos rebasan varias veces el producto interno bruto de numerosos países del Tercer Mundo, vienen impulsando con gran fuerza la imposición de un sistema de propiedad intelectual --acorde con sus "innovaciones" transgénicas-- donde el lugar más sobresaliente lo ocupan las patentes sobre todas las formas de vida existentes (plantas, animales y genes) y sobre los conocimientos ancestrales indígenas y campesinas.

La diferencia fundamental con las técnicas tradicionales de mejora genética es que permiten franquear las barreras entre especies para crear seres vivos que no existían en la naturaleza. Algunos de los peligros de estos cultivos para el medio ambiente y la agricultura son el incremento del uso de tóxicos en la agricultura, la contaminación genética, la contaminación del suelo, la pérdida de biodiversidad, el desarrollo de resistencias en insectos y "malas hierbas" o los efectos no deseados en otros organismos. Los efectos sobre los ecosistemas son irreversibles e imprevisibles.

En Argentina y Brasil, por ejemplo, la entrada masiva de soja transgénica exacerbó la crisis de la agricultura con un alarmante incremento de la destrucción de sus bosques primarios, el desplazamiento de campesinos y trabajadores rurales, un aumento del uso de herbicidas y una grave sustitución de la producción de alimentos para consumo local.

Los transgénicos en Panamá
Algunos productos que se consumen en Panamá, como maíz, papas fritas y aceite de soya, ya contienen elementos genéticamente modificados o transgénicos, es notable que desde hace algún tiempo los productos transgénicos vienen ingresando a nuestro territorio. Aun cuando la información oficial es muy escasa, sabemos que ya llegaron, forman parte de la composición de muchos animales de importancia económica y han hecho su debut en nuestros campos de cultivos. Todo esto está ocurriendo mientras se le niega a la sociedad panameña en su conjunto, la información y el debate sobre las implicaciones y las consecuencias que la tecnología transgénica puede tener sobre la salud humana, el ambiente y la agricultura, principalmente.

Es fácil encontrar alimentos transgénicos en las estanterías de los principales supermercados, es en un hecho cotidiano resultado de los crecientes vínculos comerciales que Panamá tiene con los Estados Unidos, Argentina y Canadá, tres de las principales naciones productoras y exportadoras de organismos transgénicos en el mundo.

Existe desde 1998 una Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria, la cual tiene entre sus objetivos promover la investigación y la aplicación de la biotecnología. Según la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC), las medidas de protección fitosanitaria en materia de biotecnología establecen la obligatoriedad que tienen las personas que pretendan importar, investigar, experimentar, movilizar, liberar el ambiente, multiplicar y comercializar plantas transgénicas.

Sin embargo, con respecto a los materiales transgénicos, en Panamá, aparentemente, otros órganos del Estado a regir en la materia, no saben si estamos o no consumiendo alimentos alterados genéticamente. Se informó que el Instituto Especializado de Análisis (IEA) de la Universidad de Panamá no analiza este tipo de elementos en los alimentos que se consumen localmente. Según un informe del IEA, dice que allí se analizan los componentes alimenticios que son ‘‘solicitados por las empresas, y hasta el momento, nadie ha pedido hacer análisis de sustancias transgénicas’’.

Se estima que en nuestro Panamá hay una amenaza real de contaminación y erosión genética sobre miles de especies vegetales, muchas de las cuales son de naturaleza prehispánica y silvestre de gran valor medicinal o emparentadas con cultivos alimenticios. Esa amenaza se extiende sobre un sector tan vital como la agricultura que emplea al 25% de la población económicamente activa y que constituye el sustento de más del 48% de los panameños, lo cual puede sufrir consecuencias funestas derivadas no sólo de los cultivos transgénicos productores de alimentos, sino de los llamados cultivos farmacéuticos (productores de hormonas, antibióticos y otros medicamentos).

Para regular esa avalancha de productos transgénicos se había creado en 2002 la Comisión Nacional de Bioseguridad, así como el Comité de Semillas del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, los cales parecieran ignorar que en las occidentales provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, existen propietarios de fincas que han ofrecido sus terrenos para la siembra de transgénicos de segunda generación (biofarmacéuticos), sin importarles en absoluto los riesgos incalculables a que exponen toda la actividad agrícola y sanitaria de la Nación.

Lo más importante hasta ahora para el Ministerio de Comercio e Industrias es lo negociado con los Estados Unidos de Norteamérica un Tratado de Promoción Comercial (TPC), lo cual subordinará a una serie de exigencias y condiciones que redactadas desde la lógica mercantilista y privatizadora prevalecientes en las corporaciones transnacionales norteamericanas, impondrán políticas estrechamente relacionadas a la producción de los organismos transgénicos en conjunto con su política de patentes y la propiedad intelectual.

Con ese tratado los transgénicos podrán ingresar y circular libremente en el territorio nacional lo que impedirá darles seguimiento, vendrá un reforzamiento del sistema de monocultivo y una disminución de los mecanismos naturales de control y protección contra plagas, se producirá un sometimiento aún mayor de los productores agropecuarios a paquetes tecnológicos altamente dependientes, se provocarán pérdidas irreversibles en la biodiversidad agrícola, piedra angular de la seguridad alimentaria y el país se verá obligado a incumplir los compromisos adquiridos con el Protocolo de Cartagena o Bioseguridad que inició su vigencia en el 2003.

El TPC con los Estados Unidos ocasionará que las medidas sanitarias y fitosanitarias, verdaderos escudos para la protección de las personas, animales y plantas, sean reducidas a una expresión que permitirá el ingreso masivo de productos cárnicos y lácteos, provenientes de establecimientos agropecuarios norteamericanos que en su mayoría siguen utilizando la peligrosa hormona recombinante para el crecimiento bovino (la misma que se asocia con el cáncer de mama y próstata en los seres humanos).

Panamá importa anualmente 5 millones 53 mil 106 quintales de maíz amarillo procedente de Estados Unidos, de acuerdo a una fuente del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), este maíz se utiliza en su totalidad para la elaboración de piensos para animales (cerdos y aves). No se sabe cuánto es transgénico.

Y lo que nos espera para el año 2012, es la revelación de que no sólo son salmones y maíz transgénicos que ya están presentes en nuestra dieta diaria, si no de verduras, frutas, carnes que no lo imaginamos, mientras nuestros diputados siguen estando ausentes de sus curules para hacer leyes más estrictas al respecto, el país y la alimentación de sus habitantes se sigue hipotecando a transnacionales.

3 comentarios:

erika carrasco dijo...

Que Dios de su bendición en Panamá para que las personas dejen de ser ignorantes y se preocupen por lo que verdaderamente es importante nuestra salud,Panamá despierta. Le agradezco a usted por abrirnos los ojos y ojala existan más personas que se preocupen por las personas como usted. Que Dios lo Bendiga.

Luis Aguilar Torres dijo...

Es una pena que el panameño no este informado de este crimen de la multinacional de Monsanto, que vive envenenado al mundo con consecuencias nefastas, causando enfermedades con sus productos transgenicos. Monsanto juega a ser Dios, pero de una forma negativa. Igual que Dios nos cuide en Panama y despierte al Pueblo sobre esta seria situacion

Dilsa Rivera dijo...

Muchas gracias me fue útil la información.